lunes, 16 de junio de 2008

Confusión gastronómica

Cena frugal en el Pipa, un elegante bar de tapas (perdón por el oxímoron) situado en la calle 19, entre Broadway y Park Av. Gambas al ajillo, croquetas de jamón, patatas bravas y lomo embuchado. Menuda mezcla. Para acentuar más la contradicción, los precios son prohibitivos y la presentación muy sobria. Pero vale la pena probar esos platos. Especialmente las croquetas: me recordaban el chorizo con manteca que comía en el pueblo de mis padres. Curioso. También las patatas bravas: están cortadas a lo pobre y bañadas con una salsa con sabor a romesco y alioli. Buenísimas.

La bebida es lo más flojo: no hay cerveza española (ni siquiera la horrible San Miguel) y tampoco sirven cañas. La carta de vinos apenas merece mención: dos vinos españoles (entre ellos un Rioja, of course) y el resto - pocos más - de Latinoamérica.

A partir de las 8, la cena la acompañan con música flamenca. El guitarrista es un argentino con apellido catalán (Cristian Puig). Toca la guitarra con la misma facilidad y naturalidad con la que cualquier persona camina. Por la voz y el aspecto, parece sacado de una de esas tribus nómadas gitanas. La primera interpretación es impecable. Creo que es José Francés; no estoy seguro. Me presento y le pido su tarjeta para llamarle un día y concertar una entrevista. Me han fascinado su toque de guitarra y su voz. No sé si mi jefe cederá a este capricho. Yo lo intentaré.

Afuera ha dejado de llover. Prefiero caminar hasta la casa y respirar un poco de aire fresco. Últimamente el clima de Nueva York era de lo más hostil: mucho calor; mucha humedad; lluvia; calor; humedad y vuelta a lo mismo. Esta noche, por fin, nos ha concedido un momento de tregua.

1 comentario:

HanK of the Dead dijo...

Me has recordado a mi casera alemana, cuando pactamos preparar una cena de despedida con platos típicos de nuestros países: "Prepara tapas".
Un placer leerte, como siempre.